Por:David Ioli. Especialista en marketing digital.
Cuando estalló el boom de las redes sociales, empresas y organizaciones de todo tipo acudieron a ellas para descubrir la forma de utilizarlas en beneficio propio.
En aquel entonces, apenas estábamos descubriendo el potencial de estas nuevas herramientas y cómo operar en ellas. Así, todos entramos en una carrera frenética para conseguir la mayor cantidad de likes y followers posibles.
Agencias y profesionales del marketing “vendían” shares y “Me gusta” como una solución innovadora para aumentar las ventas y resolver los problemas más comunes que aquejan a las empresas. En algunos casos con éxito, en otros sin frutos.
Con el paso del tiempo y el progreso tecnológico, comenzamos a buscar métricas que pudieran predecir de una mejor manera el retorno a la inversión. Aparecieron conceptos como costo por venta, costo por acción y costo por adquisición, entre muchos otros.
Éstas métricas son muy completas y, en lo personal, recomiendo no iniciar una campaña si no están incluidas como parte del tablero de medición del éxito de la misma. Pero en nuestro afán de medir cada vez más y mejor el ROI de nuestro marketing, hemos olvidado lo poderosa que puede ser una acción tan simple como un like.